jueves, 1 de abril de 2010

DESTINOS MARCADOS


En la mayor parte de América Latina existe un proceso social silencioso de discriminación, "el accidente de nacimiento". Si un niño nace en un área pobre urbana, o en una zona sumergida rural, sus padres son de limitada instrucción, e ingresos reducidos, vive en una vivienda hacinada, y el acceso a bienes culturales es casi inexistente, las cartas estarán marcadas. Habrá muchas posibilidades de que tenga déficits de nutrición, y salud precaria, y en edad temprana puede verse obligado a formar parte de la llamada mano de obra infantil. Por más empeño que ponga trabajando, con restricciones económicas severas, y con una familia que con frecuencia se desarticula bajo la pobreza, será parte de la casi mitad de los jóvenes que no termina el secundario. Sin secundario completo, no podrá conseguir trabajo de ninguna índole en una economía formal en donde las empresas exigen diploma de secundario para tomar a alguien. Tendrá que subsistir en la informalidad, en trabajos precarios, sin protección social, ni seguro de salud. Muchos jóvenes pobres no constituirán familia no por no quererlo sino porque no ven posibilidades de trabajo, vivienda, ni futuro. Si la constituyen habrá probabilidades de que se reproduzca el mismo círculo perverso. Políticas públicas vigorosas, y el apoyo de la sociedad, pueden erradicar el "accidente de nacimiento". No existe en países como los nórdicos, o como Costa Rica. Allí todos tienen chances de futuro.

La situación ha mejorado, pero los desafíos abiertos son importantes. Las cifras nutricionales y de salud son muy diferentes según la región. Se estima que un 20 % de los jóvenes están fuera del sistema del sistema educativo, y del mercado de trabajo. Serían 500.000 los jóvenes que están en esa situación en el Gran Buenos Aires.

Cuando acorralados, sin salida, algunos de estos niños y adolescentes, caen en el delito, se levanta un coro implacable. Serían "niños perversos", no productos del accidente del nacimiento. El circuito se cierra, no tuvieron alternativas desde el inicio, y desde la mano dura se los condena a ir cuanto antes a la cárcel. Cuando salen de ella, las posibilidades de que consigan trabajo o inserción son totalmente remotas. Sin embargo, la condena será total si reinciden. En USA, el Congreso aprobó hace poco por unanimidad la Ley de la Segunda Oportunidad. Establece que el Estado debe darles a los jóvenes que salen de la cárcel toda la asistencia para insertarlos social y laboralmente. El cálculo es básico. Se vio que más de una tercera parte de los que salían reincidían en los tres años siguientes. Se concluyó que era más ético, y barato, insertarlos que el camino represivo.

Es posible cambiar totalmente estas trampas sin salida. La sociedad lo ha demostrado.

Los esfuerzos de la sociedad civil son valiosísimos pero no bastan. La política pública es fundamental. Es la única que puede terminar con el accidente del nacimiento. Se necesita asegurar la salud, y la educación para todos, apoyar las familias pobres para fortalecerlas como núcleo familiar, generar trabajo y espacios de inserción para jóvenes excluidos. Las sociedades latinoamericanas serán juzgadas el día de mañana, en primer lugar por el trato que dan a sus niños. A muchos de ellos hoy no sólo les está quitando el derecho a la infancia, sino que además los estigmatiza. Un sacerdote brasileño que trabaja con "niños de la calle", Cesare de la Rocca definió bien la situación. ¿Por qué la sociedad los llama niños de la calle?. No son tales, no están en la calle por su voluntad, son niños excluidos por la sociedad, los ha echado a la calle. Es hora de dejar de inventar mitos para racionalizar la mala conciencia, y estar junto a ellos.