viernes, 8 de abril de 2011

Unidad Superior?


La polarización es dañina, extremadamente dañina. El Gobierno vive de ella y debemos decir que la MUD también. Es una retroalimentación donde gana siempre el que detenta el poder. Es más, una simple lectura de las primeras páginas de los diarios nacionales muestra una peligrosa tendencia a una confrontación más grave. Por ejemplo, los ganaderos acosados por expropiaciones a granel reaccionan diciendo que defenderán sus propiedades con sus vidas, lo que nos recuerda situaciones de países vecinos. No están dadas las condiciones para una guerra civil, observando paralelamente que todos los días se riega esa semilla. No hay que ser oráculo para adivinar el futuro y para saber de antemano si esa peligrosa planta crecerá, pero se constata que se riega.

Entrampados entre quienes tienen como única estrategia la participación electoral y un Gobierno que burla los resultados electorales e impone su voluntad conservando el tenue disfraz democrático, es menester que el país comience a preguntarse sobre nuevas e innovadoras salidas a una crisis que no arrastra sectores al despeñadero sino a la nación toda. 

Mantener el cuadro actual, seguir eludiendo las responsabilidades para decirle a los venezolanos que en el 2012 se ganará con este diseño es un absurdo, como lo es la prepotencia descabellada del poder que llega a los extremos de aprovecharse de una tragedia natural no sólo para incentivar el odio social sino para avanzar en un proyecto que sólo conduce a la eternización de un hombre.

Aquí no se trata, entonces, de una unidad de un sector; se trata de la unidad de diversos sectores, chavistas y no chavistas, disidentes del oficialismo o de quienes aún permanecen dentro de él por falta de alternativa, aunque estén seriamente preocupados por el rumbo que lleva este proceso. 

Se trata de una unidad superior, una que excede a MUD o a opositores. Lo que se requiere es la convergencia hacia la constitución de lo que ahora se denomina un Frente de Rescate Nacional que debe tener como primer propósito la reapertura de un verdadero juego democrático.

Para reabrirlo tiene que haber acuerdos básicos. Respeto al Estado de Derecho, lo que implica cese de persecuciones o abstención de las mismas sin fundamento jurídico válido, de manera que no se produzcan retaliaciones por viejos rencores. 

Un acuerdo de respeto a todo avance social que se haya logrado en este período y el mantenimiento o conformación de una real política de atención a la pobreza y una revisión cuidadosa y sin prejuicios sobre el cuadro legal heredado. 

Nada excluye la participación electoral, pero ella sólo puede ocupar el espacio que le corresponde en una estrategia global, no ser la estrategia misma. Es obvio que el planteamiento pasa por un respeto absoluto a la legalidad.

No es menester hacer una incisiva lista de acuerdos, bastan los ejemplos citados para unir en torno a la necesidad de búsqueda de una salida absolutamente enmarcada dentro del texto constitucional vigente.

Hay suficientes conceptos sobre una democracia del siglo XXI como para discutir sobre el proyecto político que deseamos, uno que va más allá de la simple democracia tradicional.

Es el llamado al país, esto es, un llamado a una unidad superior donde participen sectores de las más variadas tendencias bajo la convicción de la necesidad de reapertura de los espacios de libertad, participación y respeto.

Chavistas y no chavistas tenemos enfrente un serio problema llamado Polarización.