miércoles, 1 de mayo de 2013

CLASE OBRERA VENEZOLANA vs sindicalismo al servicio de la burguesía


Cuando el presidente Chávez gana las elecciones en 1998 la CTV, aunque muy cuestionada, ejercía en forma casi hegemónica la dirección sindical del movimiento obrero organizado, hegemonía que había comenzado en 1947, cuando fue fundada, y que se mantuvo sin mayores sobresaltos hasta la creación de la UNT en el año 2003. Desde el mismo momento de su creación, gobernaba en ese entonces el partido Acción Democrática, estuvo siempre dirigida por una burocracia sindical afecta a dicho partido, verdadera mafia que a lo largo de todo ese tiempo tuvo como tarea principal el mantener controlada a la clase obrera, lejos de cualquier tentativa de cuestionamiento del orden imperante. Esta función de complacencia y defensa de los intereses de la burguesía le permitió negociar cuotas de poder dentro del aparato del Estado a cambio de traicionar una y otra vez al movimiento obrero. La utilización de métodos gangsteriles y fascistas como el empleo de bandas armadas, los famosos “cabilleros adecos”, para asaltar locales sindicales de organizaciones que no les eran afectas, amedrentar adversarios, disolver huelgas y manifestaciones que no tenían su consentimiento, para lo cual también contaban con el apoyo de los órganos represivos del Estado, unido a elecciones, la mayoría de las veces, arregladas de antemano, fue uno de los factores que le permitió a esa dirigencia corrupta ejercer una dictadura ininterrumpida durante más de cincuenta años en la principal central obrera de Venezuela.

La CTV se convirtió a partir de los años sesenta en un apéndice de los partidos políticos de la burguesía y del Estado capitalista. Los miembros de la burocracia sindical cetevista, aunque en su mayoría habían tenido un origen obrero, dejaron de pertenecer a la clase trabajadora, comprados por la burguesía pasaron a vivir en lujosas quintas, a ser propietarios de abundantes bienes inmuebles, a poseer jugosas cuentas bancarias en el exterior, a ser propietarios de empresas de diversa índole. Sus intereses se parecieron cada vez más a los de la burguesía y cada vez menos a los de los trabajadores, sin embargo, continuaron representando a la clase obrera desde la CTV. Desde allí cumplieron un papel reaccionario en la lucha de clases que se desarrolló en los cuarenta años de “puntofijismo” en Venezuela, y el cual se acrecentó en las últimas dos décadas del siglo pasado donde apoyaron descaradamente las políticas neoliberales de los gobiernos burgueses. Con estas “cúpulas podridas”, como las llamó Chávez, el movimiento obrero sólo conoció derrotas y traiciones. La participación activa junto a Fedecámaras en la eliminación del régimen de prestaciones sociales de los trabajadores y la aprobación de un sistema privatizado de seguridad social durante el gobierno de Caldera fue, posiblemente, el acto supremo de traición al movimiento obrero por parte de la dirigencia cetevista antes de 1998. Esta política entreguista mantuvo paralizada a la clase trabajadora no sólo ante las políticas neoliberales de los gobiernos adecocopeyanos que le imponían una situación de extrema explotación, sino que la dejó al margen, como clase organizada, de acontecimientos históricos tan determinantes para Venezuela como la rebelión popular de febrero de 1989 y los alzamientos militares de 1992, en los cuales ha podido jugar un papel protagónico.

Como no podía ser de otra forma, la burocracia sindical cetevista se alineó con el candidato de la burguesía en las elecciones presidenciales de 1998 confirmando la poca sintonía que tenía con la clase obrera a la cual decía representar y que mayoritariamente votó por Hugo Chávez. A partir de ese momento la separación entre la base de trabajadores y la dirección sindical cetevista no dejó de profundizarse hasta la ruptura total en los días del golpe de Estado de 2002 y que llevó a la posterior creación de la UNT. El terremoto social que significó el triunfo de Chávez en 1998 se dejó sentir con fuerza en el movimiento obrero. Evidentemente se trataba de un gobierno de neto corte popular que en poco se parecía a los anteriores, con un presidente honesto que estaba dispuesto a cambiar las condiciones de vida de los más desposeídos. La democratización de la política también llegó a las fábricas y comenzaron a surgir desde la base nuevos líderes obreros que empezaron a cuestionar a la burocracia cetevista, sin embargo, interpretando correctamente la tradición unitaria de la clase obrera, la mayoría de estos dirigentes sindicales, que apoyaban a la revolución bolivariana, se opone a crear una nueva central y decide darle una nueva oportunidad a la vieja central sindical participando de las elecciones internas que se celebrarían en septiembre de 2001. “A diferencia de la pequeña burguesía, que siempre se caracteriza por su extrema volatilidad política, la clase obrera cambia sus lealtades políticas y sindicales muy lentamente. Un obrero no desechará una herramienta vieja incluso cuando ésta haya dejado de tener una utilidad práctica; tratará de repararla hasta que finalmente demuestre ser completamente inservible. De la misma manera, el proletariado en su conjunto no abandona fácilmente sus organizaciones tradicionales una vez que han sido creadas, sino que una y otra vez tratará de transformarlas en auténticos órganos de lucha…”(Alan Woods, Introducción al libro de Lenin “El izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo”). No obstante, sería la última vez que el grueso del movimiento obrero apostaría por la CTV. “El 25 de octubre del 2001, se efectúan por primera vez elecciones directas y secretas en la CTV, por mandato de un referendo popular y por disposición constitucional. Los dirigentes y activistas de AD y sus aliados en la CTV, ejecutan un descomunal fraude electoral significando que más de la mitad de las actas con los resultados electorales nunca fueron presentadas, se le negó la participación a numerosos sindicatos de base y se impidió que decenas de miles de trabajadores ejercieran su derecho a voto. En esas condiciones, bajo protesta general y con una demanda judicial de anulación de esas votaciones, la Comisión Electoral de la CTV, controlada por AD, proclamó a Carlos Ortega como presidente y a Manuel Cova como secretario general de la confederación”(Pedro Eusse, “La verdad sobre la CTV”, Caracas, octubre de 2003). En diciembre de ese mismo año la CTV sella definitivamente su alianza con la federación de los empresarios, Fedecámaras, para oponerse a las leyes promulgadas por Chávez dentro del marco de la ley habilitante. Esta acción que tuvo como eje principal un paro de 24 horas sirvió de ensayo al paro general indefinido que lanzaría esta misma alianza como parte del golpe de Estado del 11 de abril de 2002.