lunes, 15 de febrero de 2010

Cierre de la revista cambio


Las manchas del leopardo


Por: Héctor Abad Faciolince

LA REVISTA CAMBIO, UN PATRIMONIO periodístico nacional, empezó su historia colombiana como Cambio 16, hace 16 años.


Como si su nombre fuera una premonición, 16 años después la cierran, o la convierten en lo que nunca ha sido (una publicación mensual de viajes, salud, deportes y entretenimiento: eso sí son cambios). Trabajé varios años en ella, cuando García Márquez era su principal accionista y era un gusto ver cómo los dueños -todos periodistas- intentaban mantenerla a flote, contra viento y marea. Fue siempre una revista de periodistas, que a duras penas se costeaba, hasta que, hace tres años, llegó su "salvación", pues fue adquirida por un gran grupo económico: Planeta. Parecía verdad pues hasta le nombraron un director independiente: Rodrigo Pardo.


Es una gran paradoja que sea este multimillonario grupo de medios español el que se convierta en el sepulturero de Cambio.


El mandado lo hicieron colombianos: Luis Fernando Santos y Guillermo Villaveces, tramitadores de órdenes de la península.


No sólo cerraron la revista sino que echaron a las patadas a dos de los mejores periodistas colombianos: Rodrigo Pardo y María Elvira Samper. Santos y Villaveces son buenos empleados: cargan sobre sus hombros un despido que no es de ellos, sino de los nuevos dueños.


La clave es algo que se dijo en la Junta: que no era conveniente para los intereses del grupo que hubiera una revista de denuncia.


La decisión, sin embargo, ha sido presentada como un problema de plata. Maquillaje. Si es por plata, que cierren Don Juan, la publicación de soft-porn, que pierde más. Lo que cobran y lo que cierran son las investigaciones de Cambio sobre personajes cercanos al Gobierno.


Fue la revista dirigida por Pardo la que reveló el escándalo de Guillermo Valencia Cossio y sus cercanías con la mafia en Medellín (premio Simón Bolívar en Investigación).


Fue Cambio la que reveló los nexos entre DMG y políticos afines al Gobierno.


Fue Cambio la que destapó la corrupción en los auxilios de Agro Ingreso Seguro y Uribito.


El problema de la revista era más ideológico que económico. Lo imperdonable era que Cambio le hubiera dicho en la cara la verdad al imperfecto clon del Presidente. Lo que cobran es la independencia que mostró Cambio todo el año pasado.


He dicho otras veces, y lo repito, que los dueños de un medio hacen con él lo que quieren. Es una regla de la sociedad capitalista y están en su derecho.


No es ilegal cerrar Cambio. Pero los lectores y los periodistas tenemos derecho a protestar y a señalar las hipocresías con que se disfrazan decisiones que son claramente políticas e ideológicas, así se presenten como si fueran comerciales y económicas.


Al más conservador de los grupos económicos españoles no le conviene una revista liberal, crítica, investigativa e independiente. Al grupo le sirven periódicos que sean los escuderos de una ideología: la de la godarria representada por Arias, Valencia Cossio o los ex liberales al estilo de Uribe y José Obdulio. Lo demás es maquillaje.


El grupo editorial El Tiempo, aquel medio liberal que fue cerrado por la dictadura de Rojas Pinilla, se ha ido volviendo poco a poco como un leopardo: lleno de manchas negras. El cierre de Cambio y el despido de dos grandes periodistas independientes, son tres manchas más que le salen al cuerpo del felino.


Son tantas ya, que quizá la gente no le note una mancha más al leopardo. Pero al paso que van la mutación hacia la falange será completa y se volverán pantera negra. Una pantera negra como una sotana para defender los viejos valores de la tradición, la familia y el presidente vitalicio.


Los mismos valores que fueron defendidos durante 40 años de franquismo en España. Así son los negocios de una gran familia incrustada en el Estado.


Nadie dice que Planeta no tenga derecho a ser un grupo de medios ultra conservador. Faltaba más, claro que sí. Pero convendría que lo dijera abiertamente. A El Tiempo no le convenía una revista que incomodaba al Gobierno. Había demasiados negocios de por medio.

Héctor Abad Faciolince