lunes, 1 de agosto de 2011

Chávez, Nietzsche y el Eterno Retorno


El país que votó por Chávez en el año 1998, fue una nación insuflada por un sentimiento religioso del Siglo XV, según el cual, se cifran las esperanzas de salvación en la figura de un iluminado, entendido como un héroe externo a los cautivados por el sentimiento de adoración, que acude intrépido a la resolución de los problemas, una surte de mesías que conoce mejor que nadie los senderos que debemos transitar para alcanzar la felicidad como pueblo oprimido. Y como paladín de la justicia reúne todas las aptitudes de sacrificio y entrega para elevarnos por encima de la corrupción y las bajas pasiones que exaltan los amigos de la riqueza y el lucro.

Ese sentimiento de índole religioso se debió a la reunión de dos (2) factores químicos inflamables en la historia de la humanidad, como lo son la desesperanza de un pueblo decepcionado de una dirigencia con la cual ya no se identificaba, con el arrojo de un militar que desafió al sistema político reinante y llenó el corazón hambriento de los venezolanos con la chispa que más anhela cualquier sociedad desilusionada, que no es otra, que pensar que lo imposible puede realizarse y hacerse posible. Así nuestra sociedad creyó fervientemente que un oficial de extracción humilde, con acceso al poder daría una vuelta de 180 grados a la Constitución, a las instituciones y por qué no a la felicidad de todos los venezolanos.                
La selección de fútbol nacional la Vinotinto, es una muestra de la época que nos toca vivir, no hay atajo sólo la concentración, el trabajo en equipo donde el todo es más que la suma de las partes, la dedicación y el esfuerzo construyen un resultado favorable para todos como sociedad.

El Venezolano, es un pueblo con el buen humor a flor de piel, con una imaginación atrevida, con un sentido común aventajado, pero como contrapartida nos desalentamos con facilidad, la energía y disposición del arranque se dispersa y difumina con rapidez, de allí que nuestro reto es que esa fogosidad casi explosiva, se convierta en un calor permanente que alimente un motor para un trabajo continúo, en sintonía con nosotros mismos y nos ejercité y prepare para recibir satisfacciones importantes, como las alcanzadas por la selección de fútbol.

Para el año 2012, los venezolanos inscritos por el propio Presidente Chávez en la posmodernidad que refleja la filosofía de Nietzsche, deben hacer gala de la asimilación del principio nietzscheano del Eterno Retorno, porque nos hallamos en una época en la que la libertad es una lucha espiritual individual, donde nadie puede protegernos o relevarnos de la descomunal tarea que conlleva el encontrarnos con nosotros mismos en la existencia, donde no hay cabida para iluminados, superdotados o líderes que estén facultados para masticar el alimento de la vida en nuestro nombre, donde estamos llamados a sustituir una espiritualidad medieval, según la cual buscamos y abrazamos la figura de un “elegido”, por una espiritualidad en la que aceptamos nuestras carencias y potencias y salimos con la frente en alto a enfrentar la vida con sus dolores y alegrías, una espiritualidad donde aceptamos el reto individual de ser libres y esculpir en piedra el eterno retorno de nuestras decisiones, como el pleno conocimiento de nuestro yo en el borde del abismo, debemos renovar con urgencia una espiritualidad del Siglo XV, por una espiritualidad del Siglo XXI.