viernes, 9 de septiembre de 2011

LA VERDADERA UNIDAD REVOLUCIONARIA


Lejos de las pantallas de los televisores, de los titulares de los principales diarios de circulación nacional, de las agendas de los partidos políticos y de las instituciones fundamentales del Estado, la realidad socio-política venezolana se transforma aceleradamente. 





Al margen del poder constituido, los sectores populares protagonizan numerosas luchas sociales. Podemos decir que actualmente existen dos Venezuela: una que al pie de fuertes barricadas día tras día toma avenidas, carreteras y autopistas, la de las víctimas de violación de los derechos humanos que asaltan  y destruyen comandos policiales, la de los pueblos indígenas que toman haciendas para reconquistar sus territorios ancestrales, la de los obreros y desempleados de Ciudad Guayana que trancan avenidas y los portones de las Industrias Básicas, la de los familiares de la población reclusa que toman cárceles y se declaran en huelga, la de los médicos que reclaman mejores centros de salud, la de los campesinos que se movilizan diariamente por el derecho a la tierra. 

La otra Venezuela es la de los partidos políticos, oficialistas y de oposición, que con el apoyo de los grandes medios de comunicación social y haciendo uso de los dineros públicos, se enfrentan electoralmente por el control de la institucionalidad, de espacios de poder que les permita administrar corruptamente la mayor cantidad posible de la renta petrolera e implementar programas económicos recolonizadores, antinacionales y antipopulares, de entrega de nuestras riquezas naturales al capital privado internacional

Las expectativas populares frente a la pretendida
 “revolución” chavista se desvanecen con la convicción que nos encontramos ante una nueva traición a las aspiraciones populares, a la vez que la inteligencia del pueblo intuye que la derecha tradicional también representaría un gobierno antipopular y antinacional.

En este escenario, la Venezuela de las luchas sociales  marcha hacia una estelar confrontación con el poder constituido: los viejos y nuevos terratenientes, las multinacionales petroleras, los cuerpos policiales, las instituciones políticas y estatales antipopulares, antinacionales  y corruptas. En ese camino se producirán numerosos hechos constituyentes populares y originarios: pobladas, huelgas, insurrecciones, pronunciamientos militares patrióticos-populares, etc. 

Esta nueva realidad socio-política obliga a las fuerzas populares, nacionalistas, patrióticas y revolucionarias de  todos los sectores sociales, que representan el poder constituyente originario y popular, a construir una organización social que impulse un plan único de luchas a nivel nacional y elabore un programa para ser ejecutado por un nuevo gobierno que defienda todos los derechos sociales de los venezolanos, los derechos humanos a la vida, a la integridad física y a la libertad, la propiedad de Venezuela sobre sus recursos naturales, el medio ambiente, el derecho a la tierra para los campesinos y al territorio para los pueblos indígenas, que coloque el énfasis de la economía en la producción agropecuaria ecológica, que se proponga la abolición de la justicia clasista y racista, que favorezca el crecimiento de la creación artística: la música, el teatro, la poesía, la literatura, la pintura, la danza, la artesanía, etc. 

La unidad de la indicada organización social popular, patriótica y revolucionaria es indispensable  para evitar que el nuevo proceso constituyente originario y popular sea recapturado por el poder constituido, tal como sucedió con el proceso constituyente que se abrió con el caracazo del 27 de febrero de 1989 que fue capturado por el poder constituido a través de la elecciones de 1998 que llevaron a la presidencia a Hugo Chávez.