lunes, 30 de agosto de 2010

¿Solidariad o clientelismo?

Las diferencias entre estas dos nociones suelen ser muy confusas, más aún cuando la compra de voluntades electorales bajo la forma de «ayuda asistencial» es una característica de nuestra democracia. Entrega de bolsas de mercado, inauguración de instituciones asistenciales y promesas de puestos de trabajo son algunas de las acciones típicas con las cuales ciertos políticos logran «convencer» al electorado para que los vote. Bajo el concepto de «solidaridad», se suele disfrazar un sistema clientelar que persigue como fin la obtención de un voto, reproduciendo así un sistema injusto que nada hace para atacar las causas que provocan las desigualdades sociales.

La Real Academia Española define al clientelismo como un «sistema de protección y amparo con que los poderosos patrocinan a quienes se acogen a ellos a cambio de su sumisión y de sus servicios»; mientras que a la solidaridad la consigna como una «adhesión circunstancial a la causa o empresa de otros». Está claro que esta situación no es nueva en nuestro país. Son muy importantes las figuras de «los caudillos electorales», que «desplegan su acción ofreciendo servicios, pactando acuerdos cambiantes, haciendo presente su disconformidad mediante la sustracción de sufragios de una lista cuando sobrevienen arreglos previos no del todo satisfactorios». Por su parte, existen pocos incentivos para que los participantes de este intercambio de favores busquen acabar con estas relaciones, puesto que las mismas se han institucionalizado como patrón regular de interacciones conocidas, practicadas y aceptadas (aunque no aprobadas) por los actores. 

La diferencia entre clientelismo y solidaridad está en el ayudar a los demás con fondos públicos o con dinero propio. Lamentablemente vemos que muchos funcionarios siguen aprovechándose de la necesidad de la gente; por ejemplo, en la discrecionalidad con que se entregan los mercados. Se sabe que la bolsa de mercado es un paliativo hasta que la gente consiga una posibilidad de trabajo. Pero también es cierto que hay sectores de la población que no tienen mucho incentivo para salir de esa situación. Viven en estado de indigencia, pero también de bienestar porque saben que todos los meses van a recibir un subsidio o una bolsa de mercadito, y lamentablemente se quedan con eso. Si la ayuda se realiza con fondos propios, bienvenido sea. Ojalá que más gente se solidarice con los demás. 

Hay mucha gente que confunde clientelismo con solidaridad, cuando una acción tiene continuidad en el tiempo, es solidaridad, de lo contrario es clientelismo porque se adecua a una determinada coyuntura política. Generalmente los políticos hacen acciones cuando se acerca la fecha preelectoral. A un año empiezan a aparecer todos con dádivas y con actividades que tienen un beneficio muy limitado. El clientelismo es algo periódico y no permanente; mientras que la solidaridad se mantiene en el tiempo, con acciones permanentes, y se transforma en un trabajo responsable y serio. Muchos hacen acciones solidarias sólo para acceder a cargos públicos, pero eso no es un gesto genuino; juegan con la necesidad de la gente y después desaparecen. «Hemos tenido propuestas de  candidatos para que nos alíemos con ellos, ofreciéndome cargos políticos, y estamos cansados de decirles que nos me interesa. formamos parte de un proyecto que realmente es para el pueblo y beneficia a todos. A la compra de voluntades a partir de la entrega de beneficios particulares, expresamos: Hay gente pobre que se deja llevar porque cree en las personas. Asimismo, hay otros que ya se han dado cuenta de cómo son las cosas. Todos sabemos que van quince días antes de las elecciones, les llevan colchones, mercados y enseres y después desaparecen. Siempre será igual y lamentablemente es difícil de luchar contra eso, todo esto se repite a nivel nacional. 

La solidaridad está netamente vinculada a una vocación de servicio y el clientelismo se contrapone totalmente a esto porque es un intercambio de favores. Sabemos que en la sociedad hay muchísima desconfianza en torno a que las acciones solidarias responden a intereses de poder, pero no hay que dejar de hacerlas porque existen personas que necesitan de esa ayuda.

Nosotros colaboramos diariamente, no para épocas de campañas electorales, y formamos parte de un proyecto político para duplicar las acciones; de todas maneras, seguiremos trabajando. Consideramos que la política es el arte de lo posible y una serie de prácticas, como el clientelismo, la han degradado. Justamente lo que hay que hacer es restablecer el concepto de vocación de servicio. Nos parece que ya no es tan fácil comprar voluntades; las nuevas generaciones vienen a cambiar las cosas. No se esta diciendo que los mayores son los corruptos sino que se sigue corrompiendo a los mismos de siempre. La solidaridad no se muestra, sino que simplemente se trabaja. Hay grandes problemas que no se solucionan porque no se quiere. El Estado tiene la capacidad, económica o técnica para resolverlos, pero no se ha hecho nada porque es conveniente mantener sectores en condiciones precarias. Así, la solidaridad se vuelve una excelente herramienta electoral y forma parte de las viejas formas de hacer política. Por eso se debe trabajar en la legislación que nos oriente hacia el fortalecimiento del tejido social y del circuito económico interno a través de la priorización de la mano de obra, del comerciante y de los empresarios locales. Este tipo de acciones les brinda autonomía, libertad de acción y, sobre todo, dignidad a las personas. A muchos les es más cómodo emprender acciones solidarias en lugar de trabajar para revertir la situación, generando mayor igualdad entre las personas. Tenemos que dotar a los ciudadanos de los instrumentos necesarios para que por sí solos puedan modificar su situación y dejen de ser presos del poder político de turno. Reivindicamos las tareas de nuestras instituciones intermedias que trabajan con conceptos claros de solidaridad, sin ningún otro tipo de interés; pero sí criticamos los que surgen desde la política, que es otra cosa muy distinta. Si bien se esta realizando una tarea asistencial, también se debe legislar para revertir las cuestiones de fondo.